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29 nov. 2012

Alejandro Sanz se deja querer en una velada mágica en el Palau de la Música

Alejandro Sanz se dejó querer ayer en una velada mágica y cercana en el Palau de la Música de Barcelona, en el primero de tres conciertos exclusivos que ofrecerá en los próximos días en el emblemático auditorio modernista de la capital catalana. Como el título de su último disco, La música no se toca, Alejandro Sanz no osó variar ni un ápice su música, menos aún ese estilo al que se ha demostrado irrenunciable, cada vez más fiel conforme pasan los años. Pasa el tiempo para él y para sus seguidoras, y ya van más de dos décadas. Por eso quería arrancar su gira española de una forma distinta, sorprendente y vaya si lo logró. Era su debut en el recinto y quiso esbozar una velada íntima y cercana, alejada de esos macroconciertos que plagan sus giras. Un regalo envuelto en dos horas de diálogo musical con las cerca de dos mil fans que acudieron a su llamada. Esas mismas seguidoras, ahora cerca de la cuarentena en su mayoría, cantaban sus temas hace años entre las paredes de sus habitaciones adolescentes. Y en eso convirtió Alejandro Sanz el Palau, en un enorme cuarto repleto de sueños tantas veces imaginados en pósters en las paredes. "Qué maravilla estar tan cerquita", recordaba el cantante poco después de arrancar el concierto. "Es un honor estar en un sitio tan mágico y mítico, por donde han pasado tantos artistas. Espero estar a la altura". Tuvo tiempo para estarlo, con dieciocho temas, los de su nuevo disco y un repaso a los más inolvidables de su carrera. Arrancó con "Llamando a la mujer acción" tiñiendo la sala del rojo del vino tinto. La seducción no tardó en hacer efecto. A la cuarta canción, "Desde cuando", el auditorio ya estaba rendido y más que vencido. Fue ahí cuando Sanz supo que su amante, en plural, estaba a punto de entregarse y se dejó querer. Y se gustó. Con un "medley" con ritmo latino y toques de salsa a cargo del piano y el timbal, dejó ir los versos de "Nuestro amor será leyenda", "El alma al aire" o "La Habana", e incluso se lanzó a bailar sobre el escenario, para disfrute general. Pero el cantante también tuvo minutos para el reposo. Las notas calmadas de "Quisiera ser" llenaron la sala de burbujas luminosas, con un silencio solo roto por los suspiros. "Soy el comandante de tus pasos", cantó en "Camino de rosas", sabedor que todo corazón ya estaba conquistado y que en sus partidos siempre juega en casa. Le costó sin embargo lograr esa conexión con los temas de su nuevo disco. Si bien sus seguidoras pueden presumir de conocer hasta la última letra, aún les falta contagiarse del amor incondicional por ciertas melodías que solo otorga el tiempo. Hasta a él mismo le faltaba la fuerza que sí exhibió cuando se desgañitó el alma con el "Corazón Partío" o "Cuando nadie me ve". Pero Alejandro Sanz está en buena forma y por eso cerró el concierto por todo lo alto. Con "La música no se toca", canción que bautiza al disco y la gira, y una bandera catalana sobre el piano, puso en sus minutos finales un auge casi orgásmico, propio de esa cita que había preparado con sumo mimo. "Ha sido una noche mágica, espero que para ustedes haya sido la mitad de lo que ha sido para mí", dijo para despedirse antes de culminar los vises con "Mi marciana", "Amiga mía" y "¿Y si fuera ella?": "Barcelona tiene un corazón así de grande". Un pletórico punto final a una noche que se repetirá dos veces más en los próximos días, y que regresará el 29 de mayo en el Palau Sant Jordi, esta vez ante un público mucho más multitudinario.