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12 abr. 2013

Entrevista a Alejandro Sanz en el Expresiones de hoy



Santiago San Miguel P.
sanmiguels@granasa.com.ec
Desde que alcanzó el éxito internacional en 1991 con su segundo álbum Viviendo deprisa, Alejandro Sanz no dio tregua a la música, ahora con su nueva producción, La música no se toca, lanzada en septiembre de 2012, emprende una nueva gira por varios países del continente americano. La tarde del miércoles conversamos telefónicamente con el cantante español, quien se encuentra en Miami. Tratamos diversos tópicos de su vida. Su próxima venida a Ecuador genera expectativa. En Guayaquil ofrecerá un concierto el 18 de abril en el estadio Alberto Spencer; mientras que en Quito actuará el 20, en el coliseo General Rumiñahui.
Dos semanas antes de presentar oficialmente La música no se toca era número uno en iTunes España... Como cantante y productor ¿de qué manera degusta, saborea y digiere este nuevo álbum?
Pues sabe bien (ríe)... Me ha dado muchas satisfacciones y alegrías. En los conciertos la gente corea las canciones nuevas, cada día crecen, porque cuando llevas un disco en una gira los temas cambian, mutan y la verdad es que me siento muy bien.
Después de 20 años, seguramente sabe cómo lograr un buen disco y que este sea bien recibido por la gente.
Esa es la parte de mi trabajo que más me gusta hacer. Estar en un estudio y meterme de lleno en la parte creativa. Demanda muchas horas y procuro poner siempre los mejores ingredientes, ese potaje, ese guiso para lograr un buen disco. La gente lo nota cuando encuentra letras, los mejores músicos, el mejor verbo para describir las historias que tengo que contar. Las personas notan el empeño que le pone uno a su trabajo.
En YouTube cuando alguien observa el videoclip de una balada de los 70 u 80 encuentras comentarios que dicen: “Esto era música”, “Las canciones de antes eran mejores”... ¿Cree que su trabajo rescata aquella esencia de las baladas de otras épocas?
Lo que pasa es que ha cambiado mucho la forma de concebir la música. Ahora interesa más la cantidad que la calidad. Hemos renunciado a eso creo. Las canciones no cumplen la misma función que antes, ahora son mero entretenimiento. En el pasado contenían una carga emocional.
Entonces, la música sí se toca.
(Risas) Obviamente son etapas. Lo que sucede con la música ahora, también pasará. Eso de concebirla como si fuera un papel desechable también es moda. El arte de hacer música siempre perdurará, va más allá de los propios creadores y consumidores. Es cierto que estamos en una etapa complicada, porque el asunto va por lo decorativo y, realmente, no forma parte de la esencia de nuestras vidas.
Y al mirar su carrera por un retrovisor... ¿Cómo ha marcado el camino aquel veinteañero de Pisando fuerte que hoy es un hombre de 40 y tantos que canta No me compares?
El camino no es algo que se decide. Lo descubres en el andar. Nunca pensé en ser un cantante para adolescentes, jugó mucho la edad que tenía en ese momento. Escribía y cantaba lo que sentía en aquel instante y resultó que le gusté a un público bastante joven. Ahora me encuentro en los conciertos con un público variado y se siente bien. No estoy anclado en lo generacional, sino que voy más allá y eso es muy grato.
¿Qué cosas en la vida le faltan por tocar?
Mmmmm, pues muchas cosas. Afortunadamente esta vida es tan ancha como larga, aunque por las condiciones pueda tornarse corta. En mí juega mucho la curiosidad. Siempre hay cosas que realizar, descubrir y retomar. Ahora estoy en el proceso de escribir mis libros, justamente, que es algo que debo hacer.
¿Cosas que evita tocar?
No hay nada intocable en esta vida. Hay cosas que me interesan mucho, pero no hablo de salvar al mundo (ríe).
¿Es de los que vive de prisa o se toma su tiempo para valorar lugares, espacios, personas? ¿Toca lo que está en su entorno?
He aprendido a viajar. Imagínate...luego de tantos años, siempre que llego a un lugar lo hago con los ojos bien abiertos. Todos los países que visito me llaman mucho la atención... y con Ecuador pasó desde la primera vez, hay gente que se sorprende que sepa mucho de ese país. Es muy enriquecedor. No soy de los que canta en un sitio y después se larga. Me gusta involucrarme con la gente, hacer amigos y estar al tanto de las cosas que ocurren. En ese sentido, me encanta mi trabajo.
Ya que mencionó a Ecuador ¿Qué olores, sabores y sensaciones le despierta Guayaquil?
La conozco desde hace más de 20 años. Algunos de mis mejores amigos viven ahí. Siempre que voy me provoca una cercanía, porque me recuerda a mi infancia. Es una ciudad con mucha luz, inolvidable, en la que siempre me reciben bien y me siento querido.
¿Es de aquellos cantantes que escucha su propia música cuando va en el auto?
Para escuchar mis discos tengo que dejar pasar un tiempo y una distancia. La verdad es que unos me sorprenden, otros me preocupan (risas). Me gusta mucho el flamenco y la música clásica.
Manifestó hace poco que la música se consume de una manera irresponsable. Su criterio parte de la manera desde que se adquiere el producto hasta lo que se escucha...
Quizás parte del hecho de que seamos la segunda generación de la posguerra española, la del disco de vinilo... Ese concepto de la posesión del objeto a mí me provoca mucha ansiedad. De por sí, la música tiene esa carencia de lo palpable y lo tangible y encima el contenido; pero reconozco que la tecnología tiene una parte muy buena. Hoy en día puedes escuchar temas y ver vídeos de cualquier lugar del mundo sin esperar que te lo manden, inclusive ni siquiera graban el material en un estudio y lo suben a la red.
¿No considera nefasto que ahora cualquiera cante y no exista esa responsabilidad por ofrecer calidad al público? Lo vemos a diario no solo en la redes sociales, sino también en la televisión a través de realities...
Creo que de eso la gente se desencanta rápido; el hecho de que cualquiera puede cantar con un aparatito es sabido por el mundo. Por ejemplo, en la música electrónica todo vale, todo se puede hacer y hay gente que se aprovecha de eso; pero cuando quieres hacer canciones de verdad, una máquina no te va a decir cómo hacerlo.
¿Alguna vez dejó escapar el tren de los momentos o esperó tomarlo en otra estación?
Estoy seguro que dejé escapar muchos trenes en mi vida sin pretender que sea la estación más acertada; de todas formas, pienso que debía ser así, de lo contrario no me hubiera permitido tomar el siguiente... Siempre habrá otro tren.