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23 jun. 2013

Alejandro Sanz reconquista al público malagueño

Alejandro Sanz estuvo anoche en casa. Málaga lo esperaba con ganas, contando los días que faltaban para que el cantante volviera a una ciudad que le ha sido fiel desde que comenzó su carrera allá por los ahora casi lejanos años 90. Parece que él también: «Desde que estaba escribiendo la primera canción de este disco soñaba con este concierto en Málaga», dijo. Y llegó el momento. Pasadas las diez y media de la noche, ante un Martín Carpena prácticamente lleno, Alejandro Sanz tomó todo el protagonismo con una gira, La música no se toca, que ha llevado por media geografía española y que llegará a su fin el próximo mes de agosto precisamente en Marbella, el día 11, dentro del Starlite Festival. Los sones de "Llamando a la mujer acción", de su último trabajo –que lleva el mismo título que la gira–, fueron los primeros en escucharse en el estadio. Y fueron dando paso a un extenso repertorio que, por supuesto, puso más el acento en lo más nuevo, pero en el que no faltaron sus grandes clásicos. "Se vende", "Como decir sin andar diciendo", "Nena", "La música no se toca", "Mi marciana" o "Camino de Rosas" se intercalaron con esas otras que nunca pueden faltar como "Corazón partío", "Mi soledad y yo", "Cuando nadie me ve", "No es lo mismo", "Looking for Paradise" o "Labana", coreadas todas por un público entregado y de todas las edades –hubo incluso quien pasó horas esperando ante el estadio para estar más cerca de su ídolo, que el fenómeno fan no tiene edad y Sanz forma parte de la banda sonora vital de muchos–. Y el cantante madrileño no defraudó. De negro y vaqueros, en buena forma y con esa habitual simpatía que no le han robado ni los años ni el éxito internacional, interactuó con su público, haciendo gala de ese acento andaluz que con el tiempo ha ido mezclando con esos aires latinos que da vivir en Miami. Sanz, cuya última parada fue Granada el viernes y que por la tarde avisó en Twitter de que llegaba a la ciudad: "Málaga guapa... voy pa ti... ;)", puso alma y arte en cada canción, acompañado por una banda de gran calidad, en un escenario lleno de luces y efectos, y con un directo del que hoy día no pueden presumir todos los que se dedican a la música. Y empatía con su público: en mitad del recital salió con una camiseta del Málaga C.F. con su nombre a la espalda, demostrando que lo de Sanz con el equipo mlagueño va más allá de las palabras –lo apoyó sin paliativos en su lucha contra la sanción de la UEFA–. Alejandro dio a su gente, que llevaba tres años sin verlo en concierto en la capital malagueña, lo que habían ido a buscar. Espectáculo, ritmo, diversión e incluso nostalgia, para aquellos que todavía recuerdan aquellos conciertos en el Tívoli plagados de quinceañeras. El tiempo, afortunadamente, ha dado la razón a los que auguraban una larga carrera a Alejandro Sanz. Ha ganado en madurez pero también en calidad y puede demostrar, pasados los 40, que su música sigue atrayendo al gran público y llenando conciertos, que para eso es nuestro artista más internacional, con permiso de Julio Iglesias, claro está. Fueron dos horas de concierto que a muchos se les hicieron cortas, en las que hubo baladas y también temas para bailar, casi una veintena de canciones que recorrieron la trayectoria de un artista con nueve discos de estudio y que es el español más laureado de la historia de los premios Grammy Latinos. A los que aún les queden ganas de ver a Alejandro aún quedan algunas citas nacionales antes de Marbella. La semana que viene estará dos días en Madrid y en Andalucía aún le quedan Córdoba, Almería y Cádiz, tierra esta última a la que está muy vinculado porque de allí son sus padres.