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4 mar. 2016

Crónica de un romance sin fisuras

Un cuarto pasadas las nueve, luego de que sus plomos fueran más aplaudidos que el telonero elegido (@janomusica), Alejandro Sanz dio inicio al primer show porteño -repite hoy- de su gira Sirope. A tono, Sanz mencionó el nombre de la ciudad unas dos docenas de veces. “Buenos Aires no se dice, se siente”, dijo, entre otras cosas Sanz, que siempre encontró respuesta inmediata en las 15 mil personas que se acercaron a GEBA para disfrutar de dos horas, durante las cuales el cantante no ocultó su felicidad por haber vuelto a una de sus ciudades favoritas en el mundo. Cumpliendo -más o menos- su promesa de empezar por su última composición y terminar por la primera, Sanz hizo una excepción en nuestras tierras al entrar por la platea entonando una estrofa de "Llega, llegó Soledad", canción que escribió para esta ciudad, y que usó a modo de cierre antes de los bises. A grito pelado, las mujeres que llenaron el estadio cantaron más que el propio Alejandro. El cedió las mejores partes de sus canciones al público, que coreó los estribillos con entusiasmo, ante la mirada alegre del anfitrión. Le siguió "El silencio de los cuervos", y enseguida subió el invitado de la noche, que por lo visto tenía que volver a casa temprano. Con beso, abrazo y palabras de admiración, Sanz recibió a Luciano Pereyra, y juntos cantaron "Desde cuando". Antes de irse por donde había llegado, Pereyra declaró que Sanz es el español más argentino que tenemos. Guitarra en mano, entonces Sanz la emprendió con "Quisiera ser", en un recital que entre sus guiños a Buenos Aires incluyó un fragmento de "Balada para un loco", antes de la secuencia "No me compares", "La música no se toca" y luego un medley con la ansiada "Amiga mía", "Y ¿Si fuera ella?", y "Mi soledad y yo". Con una buena iluminación general, aunque diseñada para un espacio cerrado, todas las miradas se las llevó un artefacto hecho de tubos de neón dispuestos en forma de diamante. Estructura que se transformó en un palpitante corzón rojo al sonar "Corazón partío", tema que cantó hasta el público masculino. En jean y saco negro, y sin cambios de vestuario pero con varios cambios de guitarra, el repertorio continuó con "Labana", uno de los temas favoritos del músico. Ante su “Buenos Aires ruge”, el público lo alentó con el habitual “Olé olé olé”. "Camino de rosas" y "Un zombie a la intemperie" fueron el preludio de su agradecimiento a la solidaridad con que sus fans apoyan sus causas benéficas. En la misma pausa contó que le regalan infinidad de bombillas, y delantales para hacer asado. Además, recordó su primera vez en la Argentina, aunque sin dar detalles de cuánto años pasaron desde entonces, hasta que desde las primeras filas una fan gritó: “¡24!”; a lo que sonrojado Sanz le agradeció por llevar la cuenta. De los nueve músicos que lo acompañaron, con bastante protagonismo, se destacó Sara Devine, con quien entonó "Looking for Paradise", tema que originalmente Sanz cantó con Alicia Keys. A continuación, "No es lo mismo", el “una más y no jodemos más” del público, y la pícara cara de Sanz desconfiando del pedido. Solo con su piano, tocó "¿Lo ves?", momento en el que muchas juraron haber visto pasar una estrella fugaz en el firmamento porteño. "A que no me dejas", y "Llega, llegó Soledad", esta vez, entera. Antes del tramo final, con "Capitán tapón", "Viviendo deprisa" y "Pisando fuerte". Las últimas dos, de su primer disco, que cantó abrazado a sus músicos, tirando los palillos de la batería al público, mientras abandonaba el escenario, para siempre. Este es el link: