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26 jun. 2016

Alejandro Sanz, Premio Yo Dona a la Labor Solidaria

La violencia de género no es un asunto de mujeres, sino de toda la sociedad, y actitudes como la del cantante en contra de esta lacra sirven como la mejor de las campañas. El ejemplo que dio con ese gesto merece nuestro reconocimiento.El pasado febrero, en medio de un concierto de la gira de Sirope en México, Alejandro Sanz detuvo su actuación porque vio entre el público "una agresión repugnante y cobarde. Reaccioné por puro instinto, todavía se me revuelve algo dentro cuando lo recuerdo. El mundo se hizo eco de mi gesto y eso, en sí, es otro gesto. Espero no tener que enfrentarme nunca más a una situación así", explica el cantante, que confiesa que no es la primera vez que ha presenciado ese tipo de violencia: "La primera fue contra mi madre, por parte de un desconocido en la calle de Alcalá. Un señor la defendió, pero muchos se quedaron mirando. Es muy importante que todos reaccionemos". Para Alejandro nuestro reconocimiento ha sido "un gran honor" y le alegra especialmente por su condición de pionero: en 11 años es el primer hombre que recoge un Premio Internacional Yo Dona, en este caso a la Labor Solidaria. Para el cantante, sin la implicación masculina no se puede acabar con la violencia de género y, además, repite como un mantra: "Educar, educar y educar". En su lucha por la igualdad, piensa en su familia. "Tengo dos hijas", dice, "pero también dos hijos, y a todos quiero prepararles para que sean mejores como individuos, más iguales, solidarios, sensibles, inteligentes y bellos por dentro". Involucrado en numerosos proyectos solidarios, Alejandro Sanz ha viajado al Ártico con Greenpeace y consiguió, en una audiencia con Barack Obama, dar una carta al presidente que él mismo le contestó poco después. "Me sorprendió lo extenso y reflexivo de sus explicaciones. Se comprometió a fomentar políticas a favor del Ártico. En los meses siguientes, EEUU denegó varios permisos a petroleras para perforar en él y se declaró protegido el 10% de su superficie". Alejandro también logró, a través de Twitter, que muchos famosos se sumaran a la campaña llamada Dar un respiro al planeta, y reconoce: "Yo sigo apagando mi luz". Su lista de causas es larga. Donó la recaudación de un concierto en Tenerife -más de cien mil euros- a ONG locales y hasta jugó un partido benéfico con Novak Djokovic. No ganó. "Ese flaco juega demasiado bien", recuerda entre risas. También fue a Zimbabue a conocer los proyectos de Médicos Sin Fronteras con niños con VIH y grabó un disco para la ONG, con la que colabora frecuentemente, la última vez sobre los refugiados sirios: "La Unión Europea parece la vieja del visillo, es triste ver lo lento que reacciona y lo cobardes que se muestran sus políticos. Es una vergüenza que cada uno esté contando con sus deditos regordetes a quién va a salvar. Me enciende ver las banderas llenas de estrellas y los corazones llenos de vacío". Algo extraordinario en Sanz es que, pese a estar en lo más alto, no ha perdido su conexión con la gente. Cuando visita proyectos humanitarios habla con todos y reparte sonrisas, aunque muchas veces lo hace "para contener las lágrimas. Pero ayudar a cambiar algo, por pequeño que sea, es un regalo para mí. La crueldad se ensaña con las personas más débiles y buenas". En sus conciertos habla de causas solidarias y anima a colaborar: "Mis fans son mi familia. Mis clubes de seguidores ayudan en centros de ancianos o recogida de alimentos, etc. Está en nuestro ADN y eso nos une más". También es consciente de la repercusión que tiene en sus hijos. "Solo hay una forma de inculcar valores", afirma, "y es con el ejemplo. A ellos les llaman la atención las fotos de mis viajes al Ártico o a Zimbabue y eso va haciendo su trabajo en su cabeza y en su corazón". Pero sin duda hay un proyecto que le tiene el corazón partío: la Fundación Juegaterapia del Hospital 12 de Octubre de Madrid. Colabora con ella desde la primera piedra, que puso con sus manos. Alejandro ha ayudado a plantar su huerto solidario, a construir un jardín en la azotea y a crear los pañuelos baby pelón, que diseñó con su hija Manuela. "Cualquier proyecto que realizas con un hijo cobra una magnitud diferente desde el punto de vista emocional. Los niños son una de mis prioridades. Siempre pagan los platos rotos de los mayores y creo que hay enfermedades que nunca deberían sufrir", explica, y remata: "Yo soy padre de todos los niños del mundo. Y con eso te lo digo todo". Este es el link: http://www.elmundo.es/yodona/2016/06/25/576beb40ca4741a93d8b4611.html