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6 sept. 2014

El discreto bautizo de Alma

Fue un acto puramente familiar. Ni atracciones para los niños (hubo hasta payasos) ni fanfarrias ni cohetes. El bautizo del segundo hijo de Alejandro Sanz con Raquel Perera, la pequeña Alma, que nació el pasado mes de julio fue diametralmente opuesto al de Dylan, su hermano mayor. Claro que entonces -25 de mayo de 2013- la fiesta llevaba sorpresa incluida para los propios invitados, más de un centenar, que ni se imaginaban entonces que el acto religioso iba a ser aprovechado para que el cantante madrileño contrajera matrimonio con Raquel Perera, a quien había conocido cinco años antes. Con la boca abierta se quedaron y la jarana fue por todo lo alto. Ayer fue otra cosa en el paraje del Cerro del Pino, a las faldas de la Sierra de Gredos, donde el cantante construyó una ermita para este tipo de actos religiosos. Antes, las obras consistieron en unir tres secaderos de tabaco, plantar un huerto y completar entre gallinas un retiro vacacional espectacular, en plena naturaleza, sin ruidos, alejado de la prensa y rodeado de robles, olivos, higueras y majadas (las zonas de refugio de los pastores y el ganado, aún aprovechables). La discreción marcó la ceremonia en la finca de Jarandilla de la Vera (Cáceres), al nordeste de Extremadura, la segunda residencia del cantante, a la que sólo estuvo invitada la familia directa. Ni coches de alta gama a toda velocidad, ni cristales tintados para no guardar el secreto de los asistentes. Apenas un puñado de pararazzi desperdigados por el monte cercano para intentar captar algunas imágenes desde el punto más alto, a vista de pájaro, y certificar así -esquivando el búnker que parece la construcción- que las dimensiones de la carpa donde se celebró la fiesta, instalada el jueves por la tarde, era minúscula en comparación con la vez anterior. Ni Paulina Rubio, ni Antonio Carmona, ni Elena Tablada, ni Pepe Barroso, ni Miguel Ángel Gil Marín... sólo José María Michavila, el ex ministro de José María Aznar. Al menos no se dejaron ver. "Aquí hoy no hay ningún famoso", advertía un camarero. Parecía un día más en la finca de 40 hectáreas, ubicada en un paraje idílico y donde el cantante cuenta también con un estudio de grabación. Sólo la entrada y salida de algunos camareros de los pueblos cercanos, que estaban citados a las seis y media de la tarde (la ceremonia tenía previsto que comenzase media hora después pero no dio comienzo hasta casi las ocho), certificaban el desarrollo del acontecimiento. Apenas les delataban algunas furgonetas (distintos proveedores de hielo, sonido, etc.) de más circulando durante el día por el camino en el Puente Parral hasta la puerta del camuflado complejo, lleno de vegetación, que guarda con absoluta rigidez la intimidad de los inquilinos en los Parrales Alto, los terrenos que adquirió el cantante en el año 2007. Pero ni en los hoteles de La Vera, como el rutilante Parador, se detectaba una presencia especial. Pura rutina en un fin de semana que en Extremadura se alarga hasta el lunes con la celebración del día festivo de la Comunidad Autónoma. No sólo en el matrimonio del cantante sino prácticamente en cada Navidad -coincidiendo con su cumpleaños cada 18 de diciembre- el jolgorio es por todo lo alto, casi siempre hasta el amanecer.Quizás, la decisión de organizar un bautizo tan discreto tenga que ver con el fallecimiento no hace demasiado tiempo de quien apadrinó el anterior, Paco de Lucía, del que todos se acordaron muy especialmente en la tarde de ayer, especialmente Sanz (era de sus mejores amigos) y Perera. Y para él sobre todo también la de su madre, fallecida meses antes de la boda de Alejandro y Raquel. El cantautor, durante la presentación de su pasada gira, en mayo de 2013, declaró ante la prensa que en "Jarandilla se compone bastante bien y se come bastante mejor". Lo que también parece claro es que para Alejandro Sanz también su discreto refugio siempre estará en su corazón: sus momentos familiares más especiales los ha vivido y disfrutado allí.