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13 jun. 2015

Entrevista telefónica para La Tercera

Alejandro Sanz (46) es una criatura poco frecuente en el negocio del pop facturado en español. Mientras un puñado importante de figuras entrega su destino artístico a productores y compositores a honorarios, dejando que otros dirijan sus canciones, el español prefiere otros relatos: escenas de encierro casi castrense donde diseña las guitarras, los bajos y las baterías que darán sonido a su álbum, sesiones de búsqueda y creación musical en solitario y sumergidas en plena noche, tal como ya lo han narrado otros trabajólicos noctámbulos, como Elvis Presley o Kanye West.
Y a mí ya me ha aburrido hacer una canción de amor que se llame Mi princesa. Es mucho mejor que se llame Mi marciana. Y si vas a decir en un tema ‘qué solo estoy’, me parece mucho más bonito  decir que soy un zombie a la intemperie”, admite el cantautor, al teléfono con La Tercera desde España, en alusión a éxitos pasados y presentes, y confirmando su alergia hacia el manual más predecible de la balada. Porque precisamente como Zombie a la intemperie bautizó el primer sencillo de su nuevo álbum, Sirope, estrenado en mayo, y que no sólo timbra su credo en los guiones menos tradicionales -de nuevo hay estribillos larguísimos, un timbre carraspeado, dosis de funk, violines, guitarras mariachis y hasta algo de hip hop-, sino que también su incuestionable estrellato multiventas. El disco debutó número uno en 11 países, reportó récords de demanda en España y en Chile ya alcanzó disco de oro.
Recalca que le gusta trabajar solo, que nadie juzgue lo que hace. Pero, ¿qué tan difícil es no sentir la presión cuando hay tantas expectativas comerciales en usted?
Si, a mí me encanta trabajar solo. Y soy muy explícito y claro cuando empiezo a armar un disco. No permito a nadie que se meta en lo que voy a hacer. Quiero hacer el álbum que yo deseo, a estas alturas tampoco me puedo poner a hacer una canción de One Direction o de no se qué. Y no porque no quiera, sino porque no puedo. Entonces, hago la música, y después el trabajo de llevar mis composiciones a la gente es de la compañía. Mi labor es hacer el álbum, ese es mi trabajo, y mientras no se demuestre lo contrario, yo toco mejor la guitarra que el presidente de mi compañía. A lo mejor hay alguno por ahí en el sello que me pueda hacer la competencia, pero te digo desde ya que yo toco mejor la guitarra que el presidente.
Pero cuando hace sus canciones, ¿no piensa en cuál puede sonar en la radio y cuál no? 
No. Lo que sí hago mucho caso es cuando me dicen: ‘el sencillo puede ser éste’. Hago mis temas para que les gusten a todos, entonces no hay problema en que me aconsejen. El problema de las radios pasa cuando hay una intro un poco larga, y van y te cortan. Si estás convencido de ese tipo de crímenes, es porque también hay una falta de respeto hacia la gente. Hay radios donde no estoy sonando y ya está, y hay otras donde directamente no quiero sonar.
¿El hecho de trabajar de un modo más solitario hizo que un disco como Sirope fuera más variado?
Este álbum lo empecé por los sonidos. El bajo, las baterías, las guitarras acústicas y algunos elementos de piano los hice todos yo. Encontré un sitio en Miami, un lugar de un amigo donde no entra nadie, sólo para nosotros, aunque de pronto aparece Lenny Kravitz, Juanes o Maná y nos ponemos a tocar, y de ahí empieza a nacer esta búsqueda de sonidos. Siempre he estado a la caza de algo diferente, nunca en mi vida he compuesto un disco igual a otro. Estuve ocho meses trabajando en solitario y sólo en los últimos cuatro le pedí al productor Sebastián Krys que contactara a los músicos, pero que no tocará nada.
¿Es difícil mostrarse como un artista inquieto cuando lo gente lo asocia con la balada?
Bueno, los seres humanos somos como calcetines: a todos nos tienen que poner una etiqueta. Y si no, nos meten en el cajón de los calzoncillos. Eso es así. No pasa nada, vivo con mi etiqueta, ni siquiera hago un esfuerzo para que alguien me la quite. Soy culpable de todo lo que quieran. De esto y de lo otro.
Dentro de las etiquetas que cualquiera puede esperar de una nueva producción de Sanz está la más obvia: el amor como concepto e inspiración integral de su cancionero. Pero en Sirope hay una declaración amorosa que no sólo implica entrega, sino que también sumisión y obediencia: “Recientemente en mi casa vive un tipo que manda/ Que me corrige y me ordena/ y me torea, pero me da un abrazo y me gana”, son las líneas dedicadas a su hijo Dylan, de 4 años, quien también presta su voz para el mismo tema.
A sus 46 años, ¿esa es una nueva forma de cantarle al amor?
Tengo el estudio de grabación en mi casa y es casi imposible que lo que pasa en mi hogar no circule  hacia mi lugar de trabajo. Son otras formas de seguir cantándole al amor. Y no me jodas, o sea, Metallica también habla del amor, no te vayas a confundir. En realidad, él que dice que menos habla de amor, es el que más lo hace. Son distintas maneras y las prioridades de mi vida también han cambiado. Ahora están mis hijos y el mundo que les voy a dejar . Si hago un villancico no se va a llamar Fum fum fum ni Mira como beben los peces en el río; se llama El silencio de los cuervos, como lo hice en este disco. Es mi forma de verlo y ya está.
¿Se siente un artista muy distinto al común de las figuras latinas o españolas?
La verdad, tendría que haber escuchado más discos, a lo mejor no hay tanta diferencia. Hago lo que me llena y lo que siento que aporta algo distinto. Pero te voy a decir una cosa: la música romántica es tan respetable como el thrash metal, y en algunos casos aún más. Porque, por ejemplo, hablamos de la música indie como si fuera la panacea, y ahí también se esconde de todo, gente buena y mala. Para mí es respetable cualquiera que se sube al escenario, sea ñoño o un poco cursi.
Si se trata de seguir subrayando los límites entre el hombre de Corazón partío y algunos de sus coetáneos, hay uno elocuente no sólo en sus letras, sino que también en los titulares de sus entrevistas. Desde hace un par de años, Sanz es uno de los escasos representantes del pop latino que  habla sin problemas de temas contingentes y políticos: se declara con sensibilidad izquierdista, critica duramente a la Venezuela chavista -donde  se le prohibió cantar en 2007- y opina sin problemas de asuntos internos del gobierno de su país. Incluso, para que no suene tan serio, su último título ofrece la canción No madura el coco, inspirada en Nicolás Maduro y en los problemas  sociales que agitan a Caracas y La Habana.
La canción se llama así y, si alguien se la quiere tomar como dedicatoria, ya está”, dice sin aludir directamente a las víctimas de su pluma. Luego retoma: “En realidad, la canción no sólo habla de política, sino que más bien de la tierra de Venezuela, de su pueblo, de su país. Me parece una aberración que existan prisioneros políticos en una nación, por muy democrática que sea”.
Dentro de su interés por la política latina, ¿sabe algo de lo que  sucede con Michelle Bachelet?
Sé algunas cosas, pero prefiero guardarme mi opinión de momento, por lo menos hasta que llegue allá. Sé que su primera etapa fue maravillosa para Chile, por lo menos mucha gente lo sintió así, una etapa de mucha normalidad, y sé que ahora hay escándalos. A lo mejor si comparamos lo que pasa allá con lo que sucede en España, no sé quién saldría perdiendo, porque aquí tenemos para regalar. Pero, ¿hay presos políticos en Chile? No y eso es lo importante.
¿Piensa volver al país? ¿le gustaría estar en Viña 2016?
Seguro que voy a Santiago y a ver si también vamos a más sitios. No quiero revelar nada, no quiero estropearles la sorpresa a los organizadores, que sé que a ellos les gusta dar esta información.
Está claro: a la luz de sus palabras, las opciones de que el músico vuelva a Viña son una realidad cierta. Eso sí, sus novedades más recientes no guardaron vínculos con los escenarios. Desplegando nuevamente su identidad, Sanz se atrevió a un riesgo en el que los créditos de su estirpe pocas veces se embarcan: hablar de su mundo privado. Hace unas semanas, confesó que en 2007 fue víctima de extorsión y chantaje en el propio corazón de su intimidad, cuando dos empleados le pidieron dinero a cambio de no revelar unas fotos íntimas, los mismos que hasta le ponían pastillas en la comida. “Eso se sabía hace mucho tiempo, pero quizás lo que no había revelado eran detalles más concretos”.
¿Cómo esto cambió su vida?
Aquello fue pasado, afortunadamente. Yo no le deseo mal a nadie y lo único que le doy gracias a Dios es de estar libre de gente así, y haber pasado una etapa en la que me podría haber ocurrido prácticamente de todo. Ahora estoy bien. Pequé de ingenuo. Estaba en un momento de mi vida solo, muy débil emocionalmente. Pero una de las cosas que aprendí es que yo no voy a desconfiar de la gente que tengo cerca porque alguna vez me pasó esto. Soy de la opinión de que la gente es buena hasta que me demuestre lo contrario. Allá ellos con su conciencia y pobrecitos de que los dos tienen que dormir el uno con el otro. Ya no sé que serían capaces de hacer ahí. Esa maldad no es buena.
Este es el link: http://www.latercera.com/noticia/entretencion/2015/06/661-634145-9-alejandro-sanz-pase-una-etapa-en-la-que-me-podria-haber-ocurrido-practicamente.shtml